Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

IDENTIFICACIÓN EN PSICOANÁLISIS

Capítulo V (2)


La pulsión de muerte tiende a aprehender lo nuevo, lo diferente, y recorrer los viejos caminos, sin conseguirlo nunca, hecho que constituye su satisfacción.

Lacan coloca aquí los pensamientos inconscientes, considerándolos así "pensamientos de repetición", pensamientos sin sujeto alguno que los piense, en tanto si Freud nos dice que en el proceso primario se tiende a la identidad de percepción sólo puede inscribir al significante como diferencia, en tanto hay energía libre, no ligada, es decir libertad de cargas. Libertad de cargas que quiere decir vacío de sentido, por lo que la repetición produce diferentes articulaciones entre los significantes al obligarlos a insistir por las vías sabidas. De aquí que sólo tenemos la alternativa del "yo no pienso" que culmina en la institución de un "yo" para el que es imposible, por la represión, volver al punto de origen.

Podemos situar en la concepción de Lacan un Otro como lugar del significante donde la relación es por medio de la repetición como encuentro imposible, en tanto saber inconsciente, como goce imposible del Otro significante, y un Otro donde lo inalcanzable es el objeto sexual, un Otro como el Otro sexo, en tanto goce imposible del Otro sexo, vuelto posible como fallido en la repetición, en este caso como repetición de la escena edípica. Goce buscado y nunca alcanzado, repetición del goce que se transforma en goce de la repetición.

En el grafo del deseo podemos situar al yo habla en i(a) pero el sujeto es hablado y dividido por el objeto en, <>a, soporte del deseo.

Si en 1915 la circularidad de la pulsión era volver a la fuente para modificar el estímulo, ahora con el movimiento de la repetición se plantea un circuito diferente desanudando de la pulsión la fuente biológica, y anudando la pulsión al desfiladero del significante, de la Demanda, con lo cual la perentoriedad de la pulsión se convierte en insistencia y el fin de volver a la fuente se convierte en repetición como marco de la satisfacción pulsional.

Si la total satisfacción es el retorno a lo inanimado, el goce puro no es sino al precio de la muerte, por lo cual la libertad consiste en perder este ser de puro goce para avanzar en la única dirección posible, por el camino de la vida, el camino más largo hacia la muerte, por eso para que un sujeto pueda constituirse tiene que ser al precio de que el goce le sea imposible. Por eso Lacan sitúa en el origen el "o yo no pienso o yo no soy", y del cual la única salida es la vía del "yo no pienso" es decir la vía de los pensamientos de repetición que no tienen "yo" que los piense y que culminan en los dos modos privilegiados de dar objeto a la pulsión: narcisismo y fantasma, lo cual produce la insistencia del "yo no soy".

La pulsión se sexualiza en su encuentro con la Demanda, es decir con la instauración de la repetición como ley que define la dialéctica de la satisfacción.

Es, entonces, en razón de la función significante del falo que el pene real cae bajo el golpe de la amenaza de castración. Función privilegiada del falo en la identificación del sujeto.

La cuestión de la identificación aparece en la obra freudiana en un primer plano y domina y revisa toda la teoría freudiana. La cuestión del sujeto se plantea como tal. Por eso hacemos lógica, pero no se trata de la lógica formal, tampoco de la lógica trascendental o lógica del concepto, sino una lógica del funcionamiento del significante, de relación del sujeto al significante, del sujeto al Otro.

Es por esto que antes de tener la función del uno en la experiencia freudiana, el uno del rasgo unario, que el sujeto tiene que encontrar en el Otro, tenemos que hacer la crítica a Kant, al Uno que domina el pensamiento de Platón, el Uno función sintética para Kant, que aporta la función de una norma, de una regla universal.

En psicoanálisis se trata del uno del trazo, esta cosa insituable, esta aporía para el pensamiento. Este rasgo unario que Freud plantea en la segunda forma de identificación. El 1 que reúne la diferencia como tal. Del Uno kantiano a la unicidad, con lo que pasamos de las virtudes de la norma a las virtudes de la excepción.

A partir del rasgo unario, este uno a partir del cual comienza la discontinuidad, la negación ya no es un cero sino un no-uno.

La función del sujeto nos muestra que amamos al otro por nuestra libido, se ama con la libido, por eso decimos que no amamos más que nuestro cuerpo, incluso cuando transferimos este amor al cuerpo de otro. Lo que nos interesa es el falo. Deseo lo que falta al cuerpo del otro. Desde el punto de vista del deseo, este cuerpo del otro, que por poco que lo ame no vale sino por lo que le falta y es por eso que la heterosexualidad es posible. Es porque la mujer es castrada desde el punto de vista peniano, que el neurótico instituye su deseo: histérico u obsesivo. A otros no les da miedo, pues no porque el pene no esté, el falo no está.

Lo que el deseo busca en el otro, es menos el deseable que el deseante, es decir lo que le falta. Deseo al otro como deseante y no como deseándome pues soy yo el que desea y deseando el deseo, sólo si me amo en el otro, sólo si soy yo lo que amo. Frontera que separa el deseo del amor. Lo que hay para desear es siempre lo que falta, por eso en francés el deseo se denomina DESIDORIUM, lo que quiere decir echar de menos. El deseante se sustituye al deseado.

El deseo es la esencia del hombre. El sujeto del deseo, no el sujeto del amor, en tanto no se es sujeto del amor sino su víctima. El amor es Afrodita que golpea.

Sade está más cerca del sujeto del deseo que Kant, aunque para Lacan hay una anología entre la exigencia total de libertad de goce que hay en Sade con la regla universal de conducta kantiana.

La función donde se funda el deseo no tiene nada que ver con lo que Kant distingue como Wohl (bienestar) y Gut (útil). No tiene nada que ver con lo que Kant denomina lo patológico o protopático, lo demasiado humano, ligado a lo cómodo, al confort, a la concesión alimenticia.

La pulsión de muerte envuelve todo el rodeo de la vida, vida y rodeo que no encuentran su sentido sino al reunirse.

La pulsión de muerte en Freud nos es presentada como lo que se sitúa de las secuelas del significante en la vida, puesto que Freud nos dice que la esencia de la vida, reinscripta en el cuadro de la pulsión de muerte, no es ninguna otra cosa que el designio exigido por la ley del placer, de realizar el mismo rodeo siempre. Está reducida a la libido.

Se trata entonces de abandonar la unidad unificante por la unidad distintiva.

 

 

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