Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS

Capítulo IV

PENSAMIENTO FREUDIANO

MOVIMIENTO Y DIFERENCIA

Freud no es simplemente el nombre propio de un descubrimiento, también es los caminos que se abren desde su pensamiento hacia el pensamiento de la contemporaneidad. O sea, Freud es también lo que su pensamiento produce en otros a través de sus textos tomando éstos como medios de producción.

Las teorías que aún rigen nuestras vidas son anteriores a Freud en 1900, son estáticas; corresponden a pensamientos filosóficos superados por las teorías y las ciencias del siglo xx, buscan el equilibrio, la armonía, la cohesión, la coherencia bien razonante a fin del siglo xx cuando sabemos por que los textos y su praxis así lo han demostrado, que no pienso y luego existo sino que pienso justamente allí donde no soy ni tengo.

Cuando la realidad de todos los días nos demuestra al compás de los descubrimientos del psicoanálisis que el individuo no existe, que es un conglomerado de relaciones sexuales-sociales que lo determinan y configuran; que lo instituido tampoco existe porque el sujeto está sujeto a un movimiento perpetuo e instituyente.

Es en nuestro siglo donde el individualismo cae dejando un vacío que no puede sustituir la ciencia positivista decimonónica. El colectivismo aparece como mero trasfondo, como oclusión de la ausencia y desde entonces asistimos a la caída o corrupción de todas las instituciones y de aquella ilusión de lo instituido.

Freud decía que el Psicoanálisis era verdaderamente a-institucional y quería decir campo habitado por el hablante, campo del lenguaje.

Campo de lo instituyente donde lo instituido aparece como deseo perverso, rigidez neurótica o hiancia abierta y sin falla donde se instala la psicosis.

En la aplicación parcial de los conceptos psicoanalíticos hay, sin duda, cierta tendenciosidad detrás de la cual vemos una ética que la interpretación no ha llegado a tocar además de una demanda de la realidad a la que contra toda indicación, se responde. Cuando lo manifiesto se impone a su latencia como si la ingenuidad fuera un buen disfraz para jugar a la impunidad.

En todo discurso hay una dimensión ética y además la marca inconsciente que deja la lengua.

Después de Freud el hombre es sus relaciones sociales y su tiempo no es el tiempo lineal de la gramática sino futuro anterior, alteridad y simultaneidad de una lógica situada enla ley del lenguaje como ley de humanidad.

El pequeño cachorro renunciará para no perder y su vida llevará grabada la manera de la renuncia.

Su cuerpo, movimiento y sostén de una mirada, no estará en los límites precisos de su piel sino en la privación que le da origen en la palabra, preciso proceso desencadenado por el Lenguaje que lleva a cumplir con sus leyes abriendo así el tiempo de la producción y la creación.

Palabras que no hallamos en los periódicos, palabras con futuro y hasta con ilusión, los textos de Freud implican una ruptura con lo que se escribió antes que no tuvo en cuenta aquel "Yo es Otro" de Rimbaud. El pensamiento freudiano no es binario ni buscador de armonía, de identidad o personalidad.

El sujeto de Freud es un hablante deseante sin contacto con la conciencia, productor de efectos en la realidad a través del pensamiento creador.

Con pensamiento creador aludo al pensamiento que se construye y se efectúa en el campo de la palabra en pleno ejercicio del habla.

SUEÑE. NÁRRELO. ASOCIE LIBREMENTE

Y reconstruiremos el deseo que el sueño siempre realiza en su trabajo. Inconsciente y sueño (diurno o nocturno) implican trabajo incesante. Cuando cierro mis ojos y la conciencia se aleja de mí, Otro de mí, trabaja para mí.

Allí ensueño y fantasía son la materia prima insoslayable de la vida del hombre que sueña y no simples residuos, basura que la Razón y la Conciencia desechan.

Si para Kierkegaard todo encuentro es el encuentro de un desencuentro, en el fort-da, el juego del niño es el juego de la presencia que para existir necesita de la ausencia, de la desaparición.

Lo que nos muestra Freud en Más allá del Principio del Placer a través del juego de su nieto, es cómo el niño controla la presencia deseada provocando la ausencia a su antojo.

No es el dolor de la pérdida que evoca sino la alegría del encuentro, la alegría de la unión aunque no ignora que ésta fallará.

El niño del fort-da no es diferente del amante que encuentra a su amada justamente cuando ella no está.

 

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