CONFERENCIA SEMANAL
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
Capítulo III
EL TRABAJO DEL SUEÑO
LÓGICA DEL SUEÑO II
Habíamos dicho que prescinde de la contradicción y que reúne en una unidad las antítesis. En una nota, aclara Freud, que los idiomas más antiguos o primitivos, se comportan en este punto como el sueño. Tenían primero una sola palabra para designar los contrarios que luego se van deslindando en pequeñas modificaciones de la palabra común.
Una de las relaciones, la de analogía, parece acomodable a los mecanismos de la deformación onírica. La analogía, coincidencia y comunidad son representadas en el sueño por una unidad, una síntesis de los elementos que la componen. Si esta unidad es anterior al sueño se trata de identificación, si es creada por el sueño hablamos de esa formación mixta. La identificación consiste en que sólo una de las personas enlazadas en una comunidad pasa al contenido manifiesto, pero esta persona aparece en un rasgo de la otra o en la situación de la otra. Aclara Freud, que la diferencia entre la formación mixta y la identificación, cuando esto acontece en el plano de las situaciones ya es bastante difícil de delimitar.
Lo general es que la identificación o formación de personas mixtas sirve para ahorrar la representación de esa comunidad y se consigue una gran condensación con que se puede ahorrar las representaciones de múltiples circunstancias, situaciones que rodean a esa persona para identificarla. Se ve también hasta qué punto puede eludir la censura por este medio.
Estas identificaciones o formaciones mixtas sirven en el sueño para representar una comunidad existente o puede ser una comunidad desplazada o directamente deseada.
En el sueño de Irma, Freud desea que otra persona llegue a incluirse como Irma entre el número de sus pacientes. El sueño atiende el deseo mostrando una persona llamada Irma pero en circunstancias correspondientes a otra.
Entre los medios de representación, Freud explica como el yo se ve siempre incluido en todos los sueños y dice al efecto que los sueños son absolutamente egoístas.
Cuando en el contenido manifiesto no aparece nuestro yo y sí una persona extraña, debemos pensar que detrás de ella se oculta nuestro yo. Cuando por el contrario el yo está manifiesto, la situación en que está incluido nos muestra que detrás de él, está otra persona, o cuando en el sueño aparecen varias personas, a veces demuestran ser otras tantas manifestaciones del yo.
En una nota agrega Freud, como ayuda a la interpretación, que cuando no sabemos a punto fijo detrás de cual persona del sueño debemos buscar el yo, habrá que pensar que esa persona que en el sueño siente un afecto sentido durante el desarrollo del sueño es la que representa al yo.
La posibilidad de esta creación de formaciones mixtas es la que da al sueño también, ese carácter fantástico, absurdo, como los elementos mitológicos: la cabeza de un animal, el cuerpo de una persona, alas...
Cuando el sueño tiene que expresar inversamente o por lo contrario, lo que hace es invertir el contenido.
Sobre la sucesión del tiempo dijimos que la deformación del sueño, acostumbra a invertir el comienzo al final y el desenlace al principio. Aquí aconseja Freud sobre la inversión; aclaro que estas inversiones, aparecen con mayor frecuencia cuando son deseos homosexuales reprimidos y después dice que cuando una parte del sueño se niega, en general, tenazmente a dar el sentido hay que tratar de invertir los fragmentos. En cuanto al aspecto formal de la representación, vemos que aparecen diferentes intensidades, diferente claridad.
La especial intensidad de los fragmentos donde se exterioriza la realización de deseos, dice Freud, es evidente, los elementos que muestran mayor intensidad son aquellos también, que han requerido mayor labor de condensación, por lo tanto estos se reúnen.
La forma del sueño o del soñar es utilizada frecuentemente para la representación del contenido encubierto. En las glosas del sueño, por ejemplo, cuando el soñante está diciendo que es borroso, suele acontecer que después de esto aparece una reminiscencia infantil.
Los sueños que se sueñan una misma noche pertenecen a la misma totalidad y tánto su división como su agrupamiento y número deben ser tomadas como exteriorizaciones de las ideas latentes. El primero siempre es más deformado, por lo habitual, y el segundo más claro.
Cuando se califica de soñada una parte del sueño debemos entender que esto tiene el carácter de una afirmación. La inclusión de un sueño en el sueño se considera equivalente al deseo de que no hubiera sucedido lo soñado, equivale a la realidad del recuerdo verdadero. Lo incluido, entonces, como sueño en el sueño, confirma su realización. En este caso el trabajo del sueño emplea el soñar como una forma de repulsa de lo verdadero y esto confirma la teoría de la realización del deseo. Entonces vemos que hay un cuidado en la elaboración onírica sobre las representaciones.
El material del sueño despojado de sus relaciones experimenta, entonces, esa comprensión, en tanto que la acción simultánea del desplazamiento de intensidad entre sus elementos le impone la mutación de su valor psíquico.
Los desplazamientos que vamos viendo, muestran ser sustituciones de una representación por otra asociativamente contigua. Se revelan útiles para la condensación, permitiendo que en lugar de dos elementos pase al contenido manifiesto uno intermedio, común.
El desplazamiento puede revestir una forma distinta que se manifiesta en una permuta de la expresión verbal de las ideas correspondientes y su resultado es sustituir un elemento por otro y en el segundo cuando lo que altera es su expresión verbal por otra distinta, cambia siempre en el sentido de reemplazar una impresión incolora, abstracta, por otra más plástica y concreta.
Este cambio no favorece únicamente a la representación sino que también ayuda a la condensación y la censura, entre esa idea, en su forma expresiva y el restante material onírico se producen, más fácilmente que antes, aquellos contactos e identidades que la elaboración precisa, hasta el punto de crearlos cuando no los encuentra dados de antemano, pues los términos concretos son en todo idioma más ricos en conexiones que los abstractos.